Ampliación Museo de la Asegurada

2001

Alicante

En la Plaza de Santa María, con la presencia de la Iglesia y del edificio de la Asegurada, no quisimos que el nuevo edificio resultase ajeno a lo que allí estaba ocurriendo, y por ello, decidimos formalizarlo a través de las dos direcciones que resultaban de éste diálogo. La inclinación de la Asegurada y la línea de fachada de Santa María, artífices de ese diálogo tenso, como miradas de reojo, entrarían en la nueva construcción a darle forma, y a referenciar continuamente desde dentro el discurso que ocurría fuera.

Por otro lado, la trama de la ciudad en éste punto, requería la construcción a base de pequeños volúmenes, como en la trama antigua, y ello, no sólo por integrar el nuevo volumen en el lugar, sino porque haciéndolo así, se evitaría restar protagonismo a la iglesia de Santa María que seguiría en el futuro dibujándose como el volumen más contundente. Tratamos por ello que el nuevo edificio apareciera como varios.

Nos importaba también cuidar la imagen que el edificio proyectaría a la ciudad. Por la delicadeza del sitio, habría que encontrar un equilibrio, a veces delicado, entre el respeto a las relaciones preexistentes y una idea inequívoca de contemporaneidad, que creemos es un inexcusable compromiso de la arquitectura. Para ello, construimos en base al macizo, que resultaba una propuesta atemporal, pero los separamos por medio de unos huecos que hablando de abstracción creíamos que situaban claramente al edificio en su tiempo.

El solar, tiene además un valor arqueológico que en el momento del concurso aparece desde las bases como indeterminado, pero que nos obligaba como punto de partida, y en previsión de lo que se pudiera encontrar a ser lo más respetuoso posible con el subsuelo. Para ello, por un lado, minimizamos la construcción en sótano, situándola en la parte delantera donde los niveles de excavación son menores y donde ya había evidencias de no contener ruinas de valor. Por otro lado, decidimos construir el edificio librando toda su anchura con tan sólo dos crujías. Unas vigas pretensadas de unos 15 mts. de luz lo harían posible. Sobre ellas, apoyaría un cerramiento portante a base de perfiles metálicos que apoyaría el borde de los patios y posibilitaría la construcción del hueco. Al mismo tiempo matizarían la entrada de luz exterior.


Consideramos importante caracterizar el museo de arte contemporáneo de Alicante refiriéndonos a la figura del artista Eusebio Sempere que se encontraba en el inicio de ésta propuesta y sería un justo tributo para con su memoria. Quisimos por ello recoger en el edificio, en sus formas repetidas , la construcción de sus estructuras, la manera en que entrara la luz en él, algo de su particular sensibilidad y estética.
Las obras "Pirámide luminosa" (1968), y "Planos quebrados" (1984), nos habían llamado especialmente la atención al estudiar su obra.
La primera, parecía hablarnos de una interesante manera de conducir la luz del exterior hasta los lugares más profundos del edificio, y parecía apuntar un mecanismo que resultaría de interés en especial en las piezas recayentes a la calle Balseta, donde el intenso desnivel que la ciudad nos ofrece con respecto a la plaza de Santa María, convertían a parte importante del nuevo edificio en una construcción subterránea.
La segunda de las obras nos hablaba de la manera de convertir en un discurso amable el encuentro a priori tenso de dos direcciones, y creímos reconocer en ellas las dos direcciones que encontramos en el lugar.

Con respecto al funcionamiento del museo, pensamos que la Asegurada debería de seguir manteniendo el carácter de puerta al nuevo edificio, pues era justo con la memoria de la ciudad, y además el modo más claro de subordinar la nueva construcción a la preexistencia. Desde el antiguo edificio partiría un recorrido lineal que, zigzageando por el solar, terminaría desembocando de nuevo en el edificio original después de haber visitado de forma continua cada planta. La organización de los patios en forma de rombo, y el juego creciente-decreciente entre los interiores y los de fachada, parecían organizar a la perfección este zigzag.

El cerramiento estructural de los patios crearía en los recorridos a su alrededor el efecto cinético que tanto persiguió Sempere en sus obras. Estas estructuras además de soportar los muebles expositores que albergan las obras, filtran y atenúan la entrada de luz desde los patios al interior de las salas, la cual se produce por unas estrechas aberturas a ras de suelo y techo que da iluminación ambiental al espacio a la par que lo hace sensible a los cambios y matices que proporciona la luz natural. El mueble soporte con sección en forma de C resguarda a las delicadas obras de la incidencia de ésta débil luz.

Los patios que recaen a las fachadas se cierran mediante unas grandes rejas resueltas en dos planos de barras que además de cuidar la seguridad del museo, sacan al entorno urbano el efecto de una vibración cinética.
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